(he estado leyendo otra vez una novela de Faulkner, Absalom, Absalom, el inicio es ejemplar, las escenas están contadas de manera extraña, la organización de la novela parece un verdadero rompecabezas, las oraciones son largas, las repeticiones son muuuchas y lo que se cuenta es simple: la novela es la historia de un patriarca ambicioso, con un hijo homosexual que mata al prometido de su hermana, es la historia de una esposa débil que muere joven y que su muerte obliga a su hermana a casarse con el esposo que deja viudo. Es eso y también es la historia del sur, del profundo sur norteamericano que se desgrana a través de una historia que sucede 40 años antes de que se cuente, la historia la cuenta alguien que estuvo cerca pero que no formó parte de esa familia, porque esa familia fue clausurada por el tiempo, fue arrebatada de la faz de la tierra, liquidada para siempre.
Faulkner, me queda claro, es un hacedor de pesadillas, pero lo pesadillezco no se debe a la historia que cuenta sino al cómo. el autor norteamericano inventó la palabra “dust”, también inventó la palabra “frustration” y luego escribió esto “impotent yet indomitable”, más adelante dijo esto “outraged” y entonces todo se alineó en un largo vocabulario de violencia, de frustración, de rencor, de supresión y el resultado fue, paradójicamente, la historia universal de la ternura. no hay ternura más a flor de piel que la de Faulkner, no hay otra ternura posible que la del ser humano que siempre falla, que siempre se estrella, y que nunca entiende que es vana la tarea de querer alcanzar las estrellas, la salvación.)

Próspero se preocupa
¿Será que al final me convierta en un viejo enfermo de lenguaje?
¿uno que busca su nombre en las grietas de su piel,
en los granos de la arena, en el mar entero?
¿será que un día empiece por olvidar las palabras del tiempo:
mañana, ayer, hoy; y termine confundiendo el arriba con el abajo,
la izquierda con la derecha, la periferia y el centro?
¿Podré distinguir a Miranda? ¿Sabré que sus cabellos
no son el otoño, y que sus ojos no son el mar? el mar
¿qué habrá adentro del mar? ¿un viento que arrastra olas;
un mar solo en medio del mar; un mar condenado a su laberinto
de mares? ¿pero y Miranda, podrá distinguirme;
me reconocerá entre tanta arruga y cuerpo en abandono?
O convertirse en viejo es como llegar a la casa materna:
estar otra vez entre ese orden y esa limpieza,
habitar una vez más una infancia cuidada, un futuro promisorio.





